Antoine de Saint-Exupéry (El principito)
Esta semana miras al cielo. No desde la poesía o la mitología, sino desde la mesa del astrónomo, para ver cómo ha cambiado la forma de estudiar el universo a lo largo de los siglos.
Accede al contenido completo y entiende el arte como un historia de las ideas, con contexto, profundidad y continuidad. Semana a semana, tu forma de mirar las obras se transformará.
El cielo siempre ha sido una obsesión para el ser humano.
Entenderlo ha dependido siempre de los instrumentos científicos disponibles en cada época. Y de las personas que se han dedicado a estudiarlo.
En el siglo XVI, el astrónomo es un matemático del universo. Más que observar el cielo, lo traduce en cifras, ángulos y mediciones exactas. Lo hace comprensible a través de la geometría.
Un siglo después, ya no se trata tanto de medir como de comprender. Galileo ya tiene telescopio y observa el cielo con esa ayuda técnica. Sin embargo, Vermeer pinta un astrónomo concentrado en la reflexión. El cielo no es solo una estructura que calcular, sino también una realidad que pensar.
En el siglo XVIII, el escenario cambia y la astronomía se profesionaliza en academias e instituciones. Ya existe una red de conocimiento compartido y el cielo se estudia de manera colectiva.
Lo que evoluciona no es solo la ciencia, sino también la manera de acercarse a ella. Y el arte está ahí, para describir su tiempo, los instrumentos y el pensamiento y documentar visualmente la historia.
Este cambio se entiende mejor si miramos a uno de sus protagonistas.
Medir el cielo con las manos
(Abre numa nova janela)Hans Holbein el Joven (1498-1543) no pinta este retrato sin más. Lo pinta cuando trabaja para Enrique VIII, porque retratar a Nikolaus Kratzer es mostrar el tipo de saber que valora la Corte.
Kratzer era alemán, profesor en Oxford y matemático y especializado en la construcción de instrumentos científicos. Traducía el cielo en medidas útiles para la vida práctica, la navegación y la organización del tiempo.
Está rodeado de sus instrumentos. El poliedro que sostiene en las manos es un reloj de sol portátil. Cada cara tiene su escala horaria y, con la ayuda de pequeñas varillas, se podía saber qué hora era en un momento en que el reloj todavía no se había integrado en la sociedad.
También puedes ver instrumentos para medir ángulos y calcular la altura de los astros sobre el horizonte o la latitud. Se llaman cuadrantes porque son cuartos de círculo graduados. Son los antecedentes de los sextantes que se usaban en navegación.
También hay reglas graduadas, compases y otros instrumentos híbridos. La astronomía seguía siendo una ciencia del tiempo y la medición manual. Y el astrónomo es el mediador entre el universo y la precisión humana. Su trabajo consiste en convertir lo que hay arriba en números abajo.
Holbein pinta a un hombre que representa una idea nueva para su época: que el mundo se entiende cuando se mide con precisión. El cielo deja de ser algo que se admira para convertirse en algo que se calcula.
Sin embargo, esta no será la última revolución en la forma de mirar el cielo.