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La mosca es el símbolo de la impertinencia

Arthur Schopenhauer

Las moscas no están en el arte por casualidad. Cumplen una función incómoda: rompen la ilusión de la imagen.

El primer cuadro introduce esa grieta. Los siguientes muestran cómo distintos artistas las utilizaron para manipular la mirada del espectador.

La lectura completa continúa dentro.

Las moscas no deberían estar ahí.

Son casi invisibles. Son feas. No encajan en la lógica de una imagen cuidada. Y, sin embargo, aparecen una y otra vez en la pintura.

Las encuentras en los lugares más inesperados.

A veces, sobre un cuerpo sagrado.

A veces, sobre un retrato construido para perdurar.

A veces, justo donde más incomodan.

No parecen ser un detalle. Pero tampoco son un error.

Hay elementos en el arte que, una vez los has visto, no puedes dejar de buscarlos. Y de encontrarlos.

Las moscas son uno de ellos. Y, cuando aparecen, son capaces de cambiar el sentido de todo lo que estás viendo.

Una mosca como interrupción

(Abre numa nova janela)
Giovanni Santi. Cristo sostenido por dos ángeles. 1490. Museo de Bellas Artes. Budapest.

Durante siglos, la intención de los artistas era mostrar la realidad de manera convincente. Buscaban que lo plasmado tuviera vida. Para ello, se ayudaban de pequeños detalles como gotas de agua, reflejos, transparencias o insectos.

Hay algo muy inquietante en esta obra de Giovanni Santi (1435-1494). A primera vista, te ofrece lo que esperas de una obra renacentista: equilibrio y una belleza serena, incluso en el color. Dos ángeles sostienen a Cristo resucitado, que muestra las heridas de la Pasión.

Como espectador observas un cuerpo vulnerable, una presencia. Todo encaja. Hasta que ves la mosca en el pecho de Cristo. Está posada ahí donde no debería estar. Parece que está sobre la superficie del cuadro, más que sobre el cuerpo.

Para entender lo que está pasando, te recuerdo quién era Giovanni Santi. Era un hombre culto, pintor en la corte de Urbino y padre del pintor Rafael. Su pintura refleja la claridad de Piero dela Francesca, pero mira hacia el norte, hacia el rico arte flamenco lleno de detalles.

La mosca pertenece a ese mundo minucioso. No es un capricho ni un descuido. Es una declaración. No pertenece a la escena de Cristo. Pertenece al mundo del espectador. O eso parece.

Pero aquí ocurre algo más. Porque está sobre el cuerpo resucitado, y la mosca también remite a la materia en descomposición. Ahí surge la tensión. El Cristo promete la redención, mientras que la mosca insiste en la materia, en lo físico que no trasciende.

Este pequeño insecto rompe la perfección de la imagen. Introduce una duda en la claridad del mensaje. Cuando la has visto, ya no puedes ignorarla. Pero aquí la mosca todavía funciona como interrupción. Como una grieta en la imagen.

En los cuadros siguientes te muestro como funciona un mismo mecanismo en distintos contextos. Una vez lo ves, no puedes dejar de verlo.

Tópico Arte y objetos/animales

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