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Les voy a enseñar lo que una mujer es capaz de hacer

Artemisia Gentileschi (1593-1654)

Cada semana analizamos tres obras de arte desde una perspectiva histórica y narrativa. Hoy te presento a tres artistas de tres países distintos. Tres autorretratos de una misma época. Tres maneras de sostener la propia identidad cuando el arte todavía no tenía un lugar claro para ellas.

A primera vista, son tres obras independientes. Pero al relacionarlas entre sí, aparece algo que no se ve cuando se leen por separado.

Afíliate a este boletín y accede al análisis de las tres imágenes dentro de su contexto. Es ahí donde el conjunto cambia de significado.

Pintarse a sí misma parece, en principio, un gesto simple: una mujer ante el espejo.

Pero, en el caso de muchas artistas de finales del siglo XIX y primera mitad del XX, este gesto no es tan evidente como parece.

No se trata solo de representación. Se trata de la posibilidad misma de ocupar la imagen.

En tres autorretratos realizados en contextos muy distintos, aparece una pregunta que no se formula de la misma manera en cada caso, pero que atraviesa las tres obras:

¿qué significa mirarse cuando no siempre ha sido evidente que ese lugar como artista te perteneciera?

Te muestro tres maneras de enfrentarse a la propia imagen. No se trata de comparar estilos. Se trata de observar lo que sucede cuando estas imágenes se leen juntas, y qué permanece invisible cuando se miran por separado.

Natalia Gontscharowa

(Abre numa nova janela)
Natalja Gontscharowa. Autorretrato. 1907. 79,5 × 60,5 cm. Galería estatal Tretiakov. Moscú.

Natalia Gontscharowa (1881-1962) se forma en el Moscú de finales del siglo XIX y ha aprendido todo lo que debía aprender: dibujo, perspectiva, anatomía y disciplina. Un marco académico sólido que define qué es “ser pintora” en su época.

Cuando se retrata, en 1907, todavía está dentro de ese lenguaje. Hay estructura, construcción clásica del rostro, intención de orden. No hay ruptura formal evidente.

Pero, hay elementos que empiezan a no comportarse del todo como deberían: el color cambia su presencia. Tiene densidad propia. La pincelada deja de ser invisible. El conjunto se mueve en una dirección que todavía no tiene nombre.

Nada de lo que vendrá después existe de forma consciente. Está en un momento decisivo. Mientras tanto, a Moscú y a San Petersburgo llegan corrientes post-impresionistas y simbolistas desde París. Son nuevas formas de entender la superficie pictórica.

Gontscharowa no niega el pasado ni lo aprendido, pero tampoco se ajusta a ello de forma automática. El academicismo es legible, pero ella ya no está completamente contenida en él.

Años después, estará en el centro de la vanguardia rusa, rompiendo el relato masculino. Creará el rayonismo con Mijaíl Lariónov y, de 1912 a 1914, Kandinsky la invitará a exponer con el grupo «El jinete azul» por Alemania y Europa.

En 1907, todo eso todavía no existe. Pero se intuye.

Ves a una mujer pintándose a sí misma en ese lugar intermedio. Sostiene un ramo de flores estridentes delante de sus propios trabajos. Pero ese es un lugar donde los cambios no terminan de resolverse.

Solo en la lectura conjunta, las tres imágenes dejan de ser casos individuales.

Tópico Artistas

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